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Ensayo · Søren Kierkegaard

Vivir en el pasillo

Sobre por qué mantener todas las puertas abiertas es otra forma de no entrar a ninguna

4 junio 2026 3 min Søren Kierkegaard · Jean-Paul Sartre · Alain Badiou

Hay una manera de no estar solo que se parece muchísimo a estar solo. Alguien con varios vínculos a medio abrir: una conversación viva con quien ya no está, alguien nuevo que ilumina, un tercero en reserva por si acaso. A ninguno le cierra la puerta. A ninguno le abre la casa. Se dice una palabra que suena a virtud —disponible, libre— y la usa de prueba de que no se ata por miedo, sino por amplitud. Pero si lo mira de frente: no está con nadie. Ni consigo. Tiene todas las puertas entreabiertas y vive en el único lugar que no es ninguna habitación: el pasillo.

Kierkegaard lo vio en 1843 y le puso título de libro: O lo uno o lo otro. Llamó estético al que persigue la posibilidad y huye del compromiso. Su figura es el seductor: vive de comienzos —la chispa, la promesa— y se retira antes de que algo se vuelva real, porque lo real exigiría elegir, y elegir cerraría las otras puertas. Cree que gana: las tiene todas. Pierde todas. El que vive solo en lo posible nunca existe de verdad en nada; debajo de la fascinación, una palabra que Kierkegaard usa sin piedad: desesperación. El que no elige no es libre: es espectador de su propia vida, mirando puertas.

Tenerlas todas abiertas y ninguna realidad adentro no es riqueza. Es la forma más elegante de la pobreza.

"Pero yo no elijo porque aún no estoy seguro." Ahí entra Sartre a desarmar la coartada. En El ser y la nada (1943) parte de algo brutal: estamos condenados a ser libres, y cada cosa que hacemos —y cada una que dejamos de hacer— es una elección de la que somos responsables. De ahí el golpe: no elegir es, también, elegir. El que se queda en la indecisión "hasta tener claridad" ya jugó: eligió la indecisión. Y a fingir lo contrario, Sartre lo llamó mala fe: mentirse sobre la propia libertad. Decir "estoy disponible, no decidí nada" cuando la verdad es "decidí no decidir, para no perder nada y no pagar nada".

El que no cierra ninguna puerta no se cuida del error. Se cuida de vivir.

¿Y la salida, sin caer en el "para siempre" dicho por miedo a la soledad? La dio Badiou en Elogio del amor (2009). Piensa el amor como acontecimiento: un encuentro azaroso que irrumpe y abre algo. Pero el encuentro, solo, no es amor todavía: lo es cuando hay una declaración, el momento en que uno dice, con todas sus letras, esto es, y convierte el accidente en compromiso. Después, la construcción: sostener, día tras día, una escena de dos contra la dispersión del mundo. Por eso Badiou desprecia el amor sin riesgo —el de las apps, donde siempre hay otra opción a un deslizar de dedo—: eso no es amor, es su falsificación asegurada. El amor empieza donde termina la disponibilidad. No por estrechez: por valentía.

Tres voces, tres siglos, una sentencia: la disponibilidad permanente no es la antesala del amor. Es su contrario exacto.

Y hay un costo que rara vez se cuenta: la indecisión tiene víctimas. Al que esperaba una puerta abierta le entrega una entornada y lo deja adivinando, sosteniendo un fantasma de presencia. Mantener a alguien en reserva "por si acaso" es usarlo de seguro contra la propia soledad. Por suave que se vea, es una crueldad administrada en cuotas.

Tres movimientos. Uno: cambiar la palabra —donde uno se dice disponible, probar indeciso, en reserva, con miedo a perder, y ver cuál describe mejor—. La palabra honesta duele, pero orienta. Dos: hacer el duelo, no evitarlo: elegir es soltar lo posible, y duele porque es pérdida real —el precio de tener algo—. Tres: mirar a quién deja en reserva tu indecisión. Si alguien sostiene una puerta que no piensas abrir, lo decente no es la tibieza: es la claridad.

Vivir en el pasillo se siente, por un tiempo, como tenerlo todo. Hasta que uno nota que las habitaciones tienen gente adentro, y el pasillo no. La vida no pasa en el umbral. Pasa del otro lado de una puerta que alguien tuvo el coraje de cerrar a su espalda para poder, por fin, estar entero en un solo cuarto.


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